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Roark
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Masculino Mensajes : 95
Fecha de inscripción : 05/07/2011
Edad : 23
Localización : Entre las sombras-

MensajeTema: Historia del Foro   Miér Jul 20, 2011 8:59 pm

- La ciudad de Dirland se levantaba sobre las cenizas de la última vez que habían visto la luz del sol, y ahora solo se encontraba sumida en penumbras porque solo así podía funcionar como la ciudad que quería ser, y que debía hacer.
Los muros que resguardaban la ciudad se levantaban sobre la poca luz que podía llegar a ella, muros formados por acero que los dioses no podían derrumbar ni penetrar. Las enredaderas en sus muros eran aun un misterio, vegetación cubierta de un carmesí. Pocos animales rodeaban la zona, y la mayoría eran grandes bestias desconocidas para los mortales.
Nadie sabía nada sobre su origen, las circunstancias que le llevaron a ser la ciudad que era, o eso era lo que creía la mayoría… que nadie había vivido lo suficiente como para contar su historia…
<< Una vez en la historia, no aquella que conocemos, existió la leyenda de un hombre de cabellos oscuros y mirada siniestra, inyectada en sed de más, como la noche de penumbras, que buscaba un poder más allá de lo que su propia alma podía soportar y comprender, pero no se rindió y buscó aquel poder con desesperación, lo que le llevó a convertirse en penumbras de noche misma que le ayudaba a superar a sus contrincantes. Pasó a llamarse “Penumbra” entre sus enemigos.
Todo ese poder que había logrado lo consiguió a costa de asesinatos, muertes encaprichadas que solo alimentaban más su vacía alma en busca de la supremacía que esperaba conseguir y que le convertiría en un dios.
Fueron muchos los que sucumbieron bajo su puño y sus armas, no solo humanos, sino que su propia especie – personas sin alma, o de almas vacías, que le habían perdido el sentido a la vida – que se habían confiado de su buena suerte hasta que acababan pronto en sangre y en una nueva oportunidad para él.
Muchos, hasta que un día un chico cruzó por su camino y le retó a un duelo por conseguir ese poder. Aquel hombre de cabellos dorados, cuya mera apariencia y presencia era como la de un amanecer previo a un gran desastre, puso en juego el poder supremo como el premio del combate, por lo que Penumbra solo se limitó a aceptar el reto pensando que iba a ser como los demás, donde sería fácil poder derrotarle. Se había confiado que sus poderes adquiridos con los años le servirían para vencer aquel retador que tenía enfrente, por lo que no dudó ni un segundo en si mismo.
La pelea entre ambos había comenzado. Los cielos se volvieron grises y la luz del sol desapareció por el poder de Penumbra, pero Amanecer parecía tranquilo ante sus acciones y se limitó a observar y analizar los movimientos de aquel a quien había retado a duelo.
Ante los nulos ataques de Amanecer, Penumbra decidió tomar la delantera de la situación y dar el primer paso para atacar al chico de dorados cabellos. Le pareció increíble la facilidad con la cual había esquivado su ataque, pero no se dio por vencido y siguió atacando, esperando los ataques de Amanecer.
Ante el primer golpe que Amanecer había dado, la pelea se dio por comenzada, y fueron demostrando que tenían potenciales diferentes que los hacían únicos en la pelea, diferentes formas de ataque y, sobre todo, diferentes formas de esquivar los poderes contrarios. Penumbra, quien había aceptado el duelo, se dio cuenta que había cometido un error al hacerlo, pues de apoco comenzaba a ser derrotado por el contrario, a pesar de que lo había considerado solo uno más de su larga lista de asesinato, pero se había equivocado.
En algún momento de la pelea, Amanecer se separó del cuerpo de Penumbra y le observó tornando sus ojos negros, ojos que solo mostraban una oscuridad infinita, su carencia de un alma. En ese momento todo ataque se detuvo, y Penumbra solo se limitó a mirarle, un presentimiento atroz recorrió su mente antes de que todo lo que el temía empezara a cumplirse.
Justo por la tierra en que estaban peleando, Amanecer se levantó como si estuviera levitando, con una aura negra que le rodeaba, ante los atónitos ojos de Penumbra, y su cuerpo se llenó de insignias, tatuajes que encontraban su fin en sus manos justo cuando se iluminaban y dejaban ir un destello de luz que luego se convirtió en energía pura que se destinaba a atravesar el cuerpo de Penumbra.
No alcanzó a reaccionar a tiempo, el ataque había sido más rápido de lo que había esperado, por lo que su cuerpo recibió el impacto totalmente, como mil cuchillas que cortaban su cuerpo y cayó, vencido y derrotado al fin como nunca le había sucedido en la vida.
A los pies del chico, Penumbra se encontraba prácticamente hecho trizas. Al ver que Amanecer se aproximaba para matarle, rogó por su vida y por una segunda oportunidad, olvidándose por un momento que había perdido la oportunidad de conseguir ese poder y centrándose en seguir viviendo a toda costa. Amanecer se compadeció de el, y luego de haber conseguido la supremacía, en vez de matarle, lo maldijo a una vida eterna, sin morir, una existencia llena de dolor.
Maldito a no morir, derrotado y apenas con un poder que aún le quedaba después de todo, Penumbra se limitó a seguir las órdenes de Amanecer. Los cielos habían vuelto a brillas con el sol de antes, y la tierra volvió a la normalidad.
Siguiendo las órdenes y el decreto de Amanecer, Penumbra se recluyó en una isla. Ya no era más aquel guerrero que había sido antes, aquel asesino despiadado sin alma. El poder que le quedaba lo utilizó para crear un gran muro que rodeara el lugar de su prisión eterna, un gran bosque dentro que resguardara su presencia… la locura no tardó en apoderarse de su mente.
En sueños y delirios, vio una y otra vez la figura de esa persona que le había derrotado. Víctima de la locura e impulsado por su antigua convicción de conseguir de nuevo aquel poder supremo y arrebatárselo a amanecer fundó en su isla, dentro de sus murallas, confundido con el bosque, una ciudad de cenizas desde la ultima vez que había visto la luz del sol...y la ocultó detrás de nubes grises como aquella vez que había sido derrotado.
La ciudad estaba lista, pero Penumbra la veía vacía, carente de lo que necesitaba para volver a ser quien era, por lo que fue a vagar por el mundo humano, viendo los corazones negros que allí estaban. Hombres brutales que cometían crímenes atroces en nombres de caprichos absurdos. Se sintió satisfecho con esos hombres, y los atrajo con promesas vacías hacia su isla donde no tardó en hacerlos prisioneros bajo su mando.
El resto de la población se hizo por si sola. Prisioneros sobrenaturales a su mando que aprendieron a convivir con los humanos, algunos haciéndolos esclavos propios, otros por su fuente de alimento.
Penumbra había casi olvidado que estaba maldito y en su ciudad solo se dedicaba a vigilar de cerca a sus habitantes, merodeando entre sombras, satisfecho. Cambió su nombre, intentando dejar en el pasado la sombra de Amanecer que parecía rodearle cada vez más.
Sus habitantes desconocían su presencia, pero todos estaban bajo el poder y el deseo de Roark, el maldito…>>
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